Un paseo por el parque más antiguo de la ciudad

El actual Campo de San Francisco ocupa el terreno donde antaño se encontraba la huerta del desaparecido convento de San Francisco El Grande. A comienzos del siglo XIX, el entonces gobernador político y militar de Salamanca, Don Isidro López, impulsó la plantación de más de 600 álamos y la construcción de una fuente en este lugar, dando origen así al Campo de San Francisco.

El propio santo aparece en el jardín gracias a las manos del escultor Venancio Blanco. Junto a esta obra se concentran cada año numerosos vecinos para la bendición de sus animales de compañía el día de San Antón.

La primera impresión del lugar es su sombra continuada, una grata penumbra provocada por la combinación de cedros, cipreses y acacias en el interior de los parterres. Hacia el exterior del jardín se encuentran dos especies muy apreciadas: la catalpa y el tilo.

La catalpa tiene una floración exuberante, dando lugar a ramos de luz blanca, sobrepuestos sobre el verde lima de sus hojas. Estas son grandes y acorazonadas. Es fácil de reconocer incluso en otoño, pues de sus ramas cuelgan como gotas ingrávidas unos frutos alargados en forma de vaina.

Los tilos muestran hojas semejantes a las anteriores por la forma, pero no por su tamaño. Presentan una superficie mucho menor y, junto a ellas, descubrimos sus flores entre el color crema y un amarillo sutil. Aunque será su aroma suave quien las delate, pues a cierta distancia ya nos llegan sus esencias y su sosiego.

Al presentar diferentes escalinatas en su recorrido, tendremos una visión muy especial de este campo arbolado. Este efecto se incrementa si llegamos a él a través del Paseo de Carmelitas. Esta vista casi aérea se disfruta con el fondo de la cúpula de la Iglesia de la Purísima Concepción. Desde esta atalaya improvisada escucharemos el agua de dos fuentes: una, en la doble escalera, baja al espacio verde, y la segunda, llamada por los antiguos salmantinos Fuente de la Taza.

Las aves tienen como hábitat este jardín y conocen bien los recursos del lugar. El agua es, por supuesto, uno de los principales. Los carboneros y herrerillos, pájaros de pequeño porte, utilizan las fuentes como abrevaderos en sus rápidos descensos. También conocen los huecos en el tronco de los plataneros de sombra. Árboles que, al perder sus ramas, sellan las heridas, pero dejan un hueco en el interior que sirve de nido.

No hay que olvidar el paseo de castaños de Indias, que sirve de linde al jardín con la calle Ramón y Cajal. Abren sus hojas al paseante como manos que saludan. Vistas de cerca, al trasluz, son vidrieras vegetales dibujadas por las líneas de sus nervios. De nuevo, hay en ellos un árbol amable a los nidos. Jilgueros y verdecillos elaboran sus cestos en las horquillas, a la vez que donan la banda sonora de su canto a los paseantes.

Prueba a encontrar...

…un grandioso almez o lodón. Recibe el nombre de ojaranzo en las Arribes del Duero por sus hojas como grandes ojos. Tiene unos frutos pequeños y comestibles llamados almecinas, aunque no es aconsejable consumirlos si los encontramos en la ciudad. En Andalucía todavía es común venderlos en las calles servidos en cucuruchos. En las tierras salmantinas se conoce el árbol por ser utilizado para fabricar las horcas de varios dientes que movían la paja en las eras, al ser un árbol muy moldeable.

Ubicación

Entre el Paseo de Carmelitas y la calle Ramón y Cajal MAPA 🡥

Horarios

Todos los días las 24 h.

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