De un histórico huerto surgió este jardín

El Parque de los Jesuitas hunde sus raíces en el antiguo huerto que esta congregación tenía a las afueras de Salamanca, cuando la ciudad no había empezado a crecer. No solo producía hortalizas, también existía en el lugar una gran vaquería, donde se implantó uno de los primeros ordeños mecánicos de la época.

Este terreno acogió grandes plantaciones de frutales. Manzanos y perales eran los más frecuentes y eran podados en vasija para facilitar su recolección. La arquitectura del árbol tras la poda asemeja una mano con los dedos apuntando hacia arriba, como si fuera el esqueleto de una vasija de barro. En la actualidad se pueden ver las hileras de estos frutales dispersas por las parcelas.

El hecho de ser el parque de mayor superficie de la ciudad, unido a la gran diversidad de árboles y arbustos (incluidos los frutales), lo convierte en uno de los más ricos en aves. Si paseas con unos prismáticos, puedes encontrar petirrojos, carboneros, herrerillos, reyezuelos, agateadores, gorriones molineros… Hasta los búhos chicos y los cárabos se escuchan en la noche. Más de treinta especies distintas, todo un aviario.

Entre todas las aves destaca el mirlo. Negro, de ojos anaranjados y al igual que el pico, es la especie con el canto más sonoro del lugar. Como un músico de jazz, elabora un reclamo en primavera melodioso y anárquico. Elevado en el extremo de una rama, donde la acústica le permita lanzar sus notas, convierte al antiguo huerto de los Jesuitas en su propio auditorio.

El agua es otro de los recursos fundamentales para la presencia de aves, pero también para la sonoridad. El estanque de los gansos, en la parte baja, se convierte en un gran bebedero donde acuden todas las aves de la zona. El juego de sus chorros de agua lanzados al aire crea una acústica propia, refrescante.

Dentro de las referencias al agua no hay que olvidar el paseo de las fuentes. Una doble fila de cedros acompaña con su sombra al visitante, para encontrar a cada paso unos surtidores trabajados en piedra, de formas atractivas y geométricas. De nuevo, es un lugar para sentarse a ver a todos los seres alados rondar entre las salpicaduras.

Los paseos son siempre estéticos y seductores. Y, aun cuando la primavera es la elección principal a la hora de caminar entre los árboles, el otoño convierte al parque en una paleta de pintor. Los tonos ocres, de cuero viejo, se mezclan con los rojos y cobrizos. Son los amarillos abundantes y están bien representados por los fresnos. Cerca del estanque reseñado, una alineación de ejemplares de esta especie da al lugar unos tonos dorados tanto en las copas como en las praderas. Es una estación para darle gusto a las miradas, pasear con los ojos.

La ordenación total del jardín es una sucesión de pasillos horizontales y verticales, donde el cruce en diagonal de senderos provoca un laberinto en el que perderse. Quizá este hecho sea el más atractivo del lugar: recorrerlo sin ningún objetivo, entrar y salir de las parcelas y sus praderas, ver las distintas formas, las texturas, perder el tiempo para ganar en vida.

Prueba a encontrar...

… las encinas del antiguo cementerio. Una fuente en ladrillo cara vista, con un pequeño canal, marca la referencia del lugar. Estos árboles levantan en altura sus ramas y rodean este pequeño espacio donde sentarnos a descansar. Nos acompañarán los aromas del boj y el laurel, toda una atmósfera para cerrar los ojos y sosegarse.

Ubicación

Av. de la Aldehuela  MAPA 🡥

Horarios

Todos los días de 8:00 a 22:00 h.

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